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Marta Ramallo, madre de Johana Ramallo desaparecida hace 9 años, denunció la falta de avances en la causa judicial por lo que ella considera un narcofemicidio. En una entrevista para Radio La Plata con Código Baires, Marta criticó a la fiscalía a cargo del caso por su lentitud, su complicidad institucional y por intentar disciplinar a la familia en lugar de investigar a los imputados.
Para Marta, la distinción entre considerar el caso de su hija Johana como un femicidio o un narcofemicidio no es una cuestión meramente terminológica, sino una denuncia de la trama de poder y complicidad que rodea el crimen. La mujer sostiene que la justicia insiste en la carátula de “femicidio” como una forma de encubrimiento, ya que el concepto de narcofemicidio visibiliza la complicidad de las fuerzas de seguridad. Además, señala específicamente la connivencia de la DDI y la comisaría novena con las redes narco de la zona.
Mientras que un femicidio puede interpretarse como un hecho aislado, el narcofemicidio en el caso de Johana implica que fue una “piba captada” por una red de narcotráfico que operaba con el aval de un “Estado ausente” y un “poder de la provincia cómplice”. Marta destaca que Johana fue víctima de un sistema de prostitución y consumos problemáticos, factores que son centrales en la definición de narcofemicidio.
Marta afirma que, aunque antes la fiscalía escuchaba y acompañaba los planteos del equipo de abogados, “de un momento a otro” les han dado “vuelta a la cara” y han comenzado a desviar la mirada. Por ejemplo, indicó que dicha fiscalía sugirió que el río o un animal podrían haber desprendido las extremidades de Johana, algo que fue desmentido por un perito quien aclaró que se usó un “elemento pulsante”.
Una de las críticas más fuertes es que la fiscalía no baja a la sala de audiencias, sino que se conecta de forma telemática desde el tercer piso del mismo edificio. A su vez, los imputados también participan de las audiencias de manera virtual, además de que el tribunal acepta excusas triviales para que estos se ausenten.
Durante el debate oral, Marta observó que los imputados tenían conductas desafiantes y burlonas: “tiraban besito”, una “se tocaba el pecho” y otro incluso “fumaba marihuana” durante la audiencia. Estos maltratos se extienden a los murales de Johana, los cuales suelen ser vandalizados, la tumba de la víctima que registra robos y amenazas directas a su familia.

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