|
Escuchar la nota
Getting your Trinity Audio player ready...
|
El dato de pobreza sufrió amplios cambios durante el gobierno de Javier Milei, con una caída del 10% entre el segundo semestre del 2023 y el inicio del 2025. Pero la realidad no refleja los números, sin mejoras salariales ni mayores puestos de trabajos, la duda se hizo sentir. A través de un nuevo informe del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS), perteneciente a la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), le pone cifras a esta sensación y advierte que la baja oficial podría estar fuertemente sobreestimada.
El trabajo, realizado por los economistas Iván Albina, Leonardo Gasparini y Leopoldo Tornarolli, no cuestiona la veracidad de los datos del INDEC, sino que analiza cómo la forma en que medimos la pobreza puede fallar en contextos de alta inflación. Según el estudio, existen tres factores técnicos que “inflaron” la mejora en las estadísticas.
El desfase del calendario
Para medir la pobreza se comparan los ingresos del mes pasado con los precios de la canasta de hoy. Cuando la inflación es muy alta, los ingresos siempre parecen quedar “atrás”. Al bajar la inflación, ese efecto se reduce y la pobreza parece caer más rápido de lo que realmente lo hace.
El “subreporte” de ingresos
Es común que las personas no declaren todo lo que ganan en las encuestas, especialmente cuando los precios suben sin control. El estudio detectó que, al desacelerarse la inflación, la gente empezó a declarar mejor sus ingresos, lo que genera una mejora “artificial” en los datos.
Una “lista de compras” desactualizada
La canasta básica que usa el Estado para definir quién es pobre se basa en consumos de hace casi 20 años. En la actualidad, las familias gastan mucho más en servicios, transporte y alquileres, que son justamente los rubros que más aumentaron. Si se actualizara esta canasta, habría muchos más hogares bajo la línea de pobreza.
Si se corrigieran estos errores, en lugar de la estrepitosa caída de 10% que celebra el discurso oficial, la reducción real de la pobreza habría sido de apenas 1,7 puntos. Esto explica por qué la mejora no se nota en la calle: parte de la caída se debe a la técnica de medición y no a cambios reales en la economía.
La Dra. María Eugenia Rausky, socióloga de la UNLP, destaca en el informe que la pobreza es mucho más que un número de ingresos. ”La información se construye, no se trata de ‘datos puros objetivos’, la medición de la pobreza depende de definiciones y decisiones que tienen un indudable trasfondo político”.
Para los especialistas, es necesario pasar a una medición multidimensional que incluya la calidad de la vivienda, el acceso a la salud y las vivencias cotidianas de las personas, algo que las estadísticas frías suelen dejar afuera. Detrás de estos porcentajes existe una realidad compleja que requiere de soluciones amplias, los ajustes estadísticos solo camuflan esta realidad en lugar de cambiarla.

Debes iniciar sesión para publicar un comentario. Login