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Triunfaba en Europa como modelo pero luchaba contra la anorexia y las adicciones: “Abría la cápsula de los quemadores de grasa y los aspiraba”

Alejado de las pasarelas, Juan Manuel Arancibia cuenta su historia de superación y sanación. Lo hace para que a otros no les pase lo mismo

Triunfaba en Europa como modelo pero luchaba contra la anorexia y las adicciones: “Abría la cápsula de los quemadores de grasa y los aspiraba”

23 Ago, 2023
Por Mariana Dahbar
Si buscamos el significado de la palabra modelo, encontramos: “Cosa que sirve como pauta para ser imitada, reproducida o copiada”. Y también: “Persona que merece ser imitada por sus buenas cualidades”. En cambio, para Juan Manuel Arancibia el significado es bien distinto: para él, ser modelo fue el camino directo al infierno.
Si bien de niño sentía que no encajaba por sentirse disconforme con su cuerpo, la comida y las drogas llegaron a su vida para intentar tapar sentimientos que lo atormentaban. La necesidad de sentirse parte de diversos mundos lo llevó a romper los límites y dañar su salud: a los 14 años tuvo su primer coma alcohólico.
En plena adolescencia, Juan descubrió el mundo de la moda. Y en el 2009, con 17 años, desembarcó en Europa: terminaría desfilando para las grandes marcas de la moda. Hoy, lejos de ese mundo de exigencias y de flashes, Arancibia visita los estudios de Infobae para compartir en primera persona su experiencia y su actual proceso de rehabilitación.
Los trastornos alimenticios y la anorexia, la adicción a los laxantes, la cocaína y alcohol. “Cuando ya los quemadores de grasa no me hacían efecto me los aspiraba. Abría la cápsula e inhalaba. Se me quemaba la grasa de la cara”, cuenta, en una entrevista sin eufemismos, en la que se anima a desnudar el costo real del sacrificio que muchas personas enfrentan para sentirse aceptadas, exitosas o amadas.
Juan sabe que la lucha es constante, y la está dando. Con la vida, no.
—¿Quién es Juan Arancibia?
—Juan es un luchador de la vida que se encuentra en un proceso muy personal. En un proceso de rehabilitación. Se está reencontrando con la vida después de muchos años de trabajar de modelo de las grandes pasarelas de Europa. Con grandes conocimientos de la moda, artísticos, porque me gustaba mucho la actuación. Soy un luchador que hoy se está reconectando con la vida.
—¿Contra quién está luchando hoy?
—Contra algunas patologías, como la anorexia, la bulimia nerviosa, la adicción a la cocaína y la adicción a los laxantes.
—La palabra anorexia generalmente se relaciona con las mujeres.
—Así es.
—Es importante que cuente, en primera persona, que los hombres también sufren anorexia. ¿Cómo y cuándo empezaron las adicciones en su vida?
—Bueno, de chico descubrí que podía evadir muchos problemas, y que podía evadirme de la realidad, a través de la cocaína y de la compulsión de la comida.
—¿A qué edad?
—Empecé con el alcohol a los 15, 16 años. Y con las fiestas de música electrónica: empecé a evadirme con esa cultura. Y empecé a vivir en una realidad bastante distorsionada, con mucho consumo de sustancias.
—¿Qué evadía? ¿De qué escapaba?
—De no ser aceptado. Tenía miedo de no ser aceptado, miedo de frustrar socialmente, miedo de fracasar como individuo, miedo de no encajar, miedo de no ser parte como modelo de persona, social.
—¿Por qué pensaba eso? ¿Qué veía cuando se miraba al espejo?
—Veía que no encajaba. De chico era gordito. Era muy lindo de cara, pero mi cuerpo era más bien gordito a comparación de los otros chicos y siempre tendía a discriminarme. Entonces, cuando todos se sacaban la remera, iban a la playa, yo me quedaba en mi casa, en mi habitación encerrado y no disfrutaba de conectarme con la naturaleza o conectarme con la vida.
—¿Cómo reaccionaba su familia?
—Mi familia siempre me alentaba como para que yo disfrute de las cosas.
—Y usted, ¿cómo justificaba que no iba a la playa?
—”No voy a la playa porque estoy gordo”, les decía.
—¿Eso a qué edad fue?
—Y… yo arranqué con mis problemas a los 12 años. O de más chico todavía, con mi distorsión física. Era gordito como el chico que no pegó el estirón, pero yo lo sufría como mucho más que eso. Me comparaba con mi hermano, que siempre fue un chico mucho más delgado que yo. Entonces era como que yo sentía que no encajaba.
—¿Su alimentación era igual a la del resto de la familia?
—No, mi alimentación era igual. Quizás comía un poquito de más. Pero era normal, era un chico con un poquito de panza. Pero yo sufría mucho ese poco de panza que tenía. Lo sufría muchísimo. De chico tenía una obsesión con mi físico muy grande.
—Además de la obsesión física, ¿cómo llegó el alcohol a su vida?
—El alcohol llegó a mi vida porque salía, y yo empecé como a filtrarme: bueno, me tomo una copita, me tomo un trago… Empecé a tomarle el gusto al alcohol y me acuerdo de que me empecé a sentir aceptado por los demás. Quería tomar alcohol para empezar a pertenecer a los grupos. Yo me quería llevar con los chicos más grandes del secundario, era como mi deseo. Entonces quería tomar alcohol para ver si los chicos más grandes me daban bola.
—¿Y le daban bola?
—Me daban bola, sí, pero yo hacía cosas muy graves para que me den bola. Hasta terminé en un coma alcohólico en una fiesta de egresados, a los 14 años. Ese fue el primer problema que tuve en el secundario, en una fiesta de egresados en donde estaba Luisana Lopilato, porque íbamos al mismo colegio, al St. James.
—¿Recuerda cómo fue ese momento?
—Yo no salía porque no tenía muchos amigos. No sabía cómo sociabilizar por problemas míos. Era una persona súper estudiosa. Me encantaba ser el mejor de la clase. Siempre apuntaba a ser el mejor, a la autoexigencia. Si no era por lo físico era por ser el mejor de la clase. Lo mismo me pasa con ser el mejor del tratamiento que estoy haciendo. Tengo que ser el mejor en todo. Eso tengo que trabajarlo mucho todavía en terapia.
—Vuelvo al tema del coma alcohólico. Cuando se despertó en una cama con ese diagnóstico, ¿qué pensó? ¿Se dio cuenta de la gravedad del tema?
—No me di cuenta de la gravedad. Después, a los días, seguí tomando alcohol, porque me di cuenta de que me gustaba más el alcohol y la consecuencia no me pareció grave.
—¿Qué le daba el alcohol que no le daba la vida de adolescente?
—Me empezó a gustar el tema de tapar algo que a mí no me estaba haciendo feliz. En ese momento no te ponés a replantear tantas cosas, simplemente empezás a tapar, a tapar y a tapar hasta que en un momento, bueno, un coma alcohólico.
—Luego del coma alcohólico llegó el modelaje, y en las mejores pasarelas.
—Previamente a llegar al modelaje, a las mejores pasarelas, yo empecé a consumir cocaína monstruosamente.
—¿Qué es monstruosamente?
—De una manera incontrolable.
—¿Por ejemplo?
—Quedarme siete días sin dormir y llamar a dealers constantemente para abastecer mi consumo y endeudarme. Ir a desfiles de las mejores marcas y que las marcas supiesen que no dormía hacía una semana y aun así me contrataban igual.
—¿Lo contrataban igual sabiendo sus condiciones de salud?
—Sí claro. Y halagarme las condiciones en las cuales yo trabajaba, como diciendo: “Sos el modelo rockero de Argentina”. Siempre supieron que yo consumía laxantes, alcohol y cocaína,y me contrataron igual.
—¿También abusaba de laxantes?
—Sí. Yo sufro una patología de adicción a laxantes. Yo generé una adicción a los laxantes para controlar mi peso, mi flacura, porque me exigían muy poco peso para poder trabajar.
—¿Cómo es que le sugieren el peso requerido?
—En una campaña de verano, en la que vine con un poquito de pancita, normal, me saqué la remera y me dijeron: “No, mirá, así no, Juan; estabas mejor flaco”. Y yo les dije que no hacía deportes. Y ahí me dijeron que había otros métodos para adelgazar.
—¿Qué otros métodos?
—Ellos sabían de mis adicciones.
—A todo esto, ¿su familia sabía de sus adicciones?
—Yo vivía solo y mi familia siempre trató de ayudarme. Siempre intentó hacer todo para que yo esté bien. Pero bueno, el adicto cuando lo tratan de ayudar no se deja. Yo no dejé que me ayudaran.
—Por su descripción, ¿nunca vivió en paz?
—Nunca vivía en paz. Era una máquina completamente autodestructiva.
—Estaba en la pasarela desfilando, flaco y entre aplausos: ¿cómo lo vivía?
—Estaba pensando en qué momento iba a terminar de desfilar para darme una línea de cocaína.
—¿Cómo es eso?
—Nunca disfruté mi trabajo. Siempre disfruté los aplausos porque me gusta sentirme reconocido, o me gustaba sentirme reconocido en lo que hacía, y soy una persona que labura mucho la autoestima porque siempre fui de baja autoestima. Y me muestro tal cual soy ahora, me cuesta mucho decir esto: yo soy una persona con baja autoestima. Me cuesta hasta decirlo, como te darás cuenta. Y me costaba mucho ser honesto en cuanto a mi enfermedad.
—¿Cómo era su relación con la comida antes de la enfermedad?
—Nula. No había relación con la comida. Era completamente odiosa. Tediosa. Yo sufría de alcohorexia también, otro problema alimentario que tuve: saciaba mis ganas de comer con el alcohol.
—¿Cómo era un típico día suyo en París? ¿Que comía, por ejemplo?
—Comía mucho pescado, que sabía que era muy bajo en calorías. No me des un carbohidrato. Y nada de azúcares. Era todo alcohol y cuando comía era muy de las verduras, pescado y mucho café y té. Todas cosas que eran fáciles de sacar del cuerpo rápido. Además, fumaba mucho.
—¿Y cómo hacía para trabajar? ¿Tenía energía?
—Sí, tenía energía porque yo soy una persona súper activa. Y si no tenía energías tomaba cocaína. También tomaba quemadores de grasa, para eliminar del cuerpo la poca grasa que tenía. Y cuando ya los quemadores de grasa no me hacían efecto me los aspiraba. Abría la cápsula e inhalaba los quemadores de grasa. Y se me quemaba la grasa de la cara. Es una película de terror, como te darás cuenta. Imaginate lo que es para el personaje principal. Contarlo y revivirlo, fueron muchos años de una enfermedad muy fuerte.
—¿Se habla de estas cosas en el mundo de la moda?
—Todo tabú. Pero estas cosas pasan constantemente con los modelos. Contratan un montón de modelos que están en consumo constante de sustancias, chicas que toman laxantes para bajar de peso…
—Las bellas modelos que desfilan en la pasarela y que dicen, la mayoría, que come normal, que están bien, que están saludables. ¿Es así?
—No, no es así. Es mentira. Es lo que les conviene decir. No sé, no me gusta dar índices, porcentajes, pero la gran mayoría de las chicas tienen trastornos alimentarios.
—¿Definitivamente hay que ser flaco para desfilar?
—Tenés que ser flaco. ¿Dónde hay una persona con un cuerpo normal? No existe una persona con un cuerpo normal en la pasarela. Y esto de nuevos cuerpos o curvas, ¿cuánto dura? Una temporada y después lo sacan. Tienen que agregarlo para hacerlo un poco más comercial. Pero no lo hacen. No lo normalizan. No se integra. No se concientiza sobre el tema. No es real. No está bueno que sea así. Estaría bueno que las agencias tengan nutrición y que estén las chicas flacas pero nutridas. Porque hay mucha desnutrición en esos cuerpos tan flacos.
—Si pudiera graficar el peor momento de su vida con una foto, ¿cuál sería?
—Yo te voy a mandar una foto, Mariana, para que veas, antes de internarme con 64 kilos. Yo ahora recuperé varios kilos, pero aparte recuperé muchas cosas más, no solo hablando de los kilos; quiero decir, nutrición, salud mental y demás. Esa es una foto del horror. Frente a un espejo en el que yo me sacaba selfies, chocho, diciendo: “Estoy bárbaro, estoy divino, estoy genial, me encanto, me amo”.
—¿Se amaba realmente?
—Me encantaba cómo estaba. Y era un monstruo. Una persona muy enferma. Tomando los quemadores, laxantes, cocaína, alcohol y fumando marihuana. Era ya un combo letal.
—Todo eso implica mucho dinero.
—Mucho dinero. Muchas neuronas. Aparte, a mí me regalaban todo. Yo no pagaba nada.
—¿Qué fue lo peor que hizo para seguir perteneciendo al mundo de la moda, de los flacos, de los exitosos?
—Hice de todo. Hice varias cosas. Pero lo peor que hice… es muy fuerte. Me reservaré esta pregunta.
—¿Tuvo miedo a morir? ¿Corrió riesgo su vida?
—Sí, yo creo que me estaba matando en cuotas. Suicidando en cuotas. Pero siempre fui muy desafiante con la muerte, porque siempre estuve al borde de la locura. Yo he llegado a psicosis por cocaína, a brotes psicóticos muy fuertes, a alucinaciones auditivas, alucinaciones visuales de tantos días drogándome. De tantos días sin comer. De tantos días de gira. De tantos días tomando alcohol.
—De toda esa locura, de todas esas adicciones, ¿cómo se sale? ¿Cómo se recupera?
—Bueno, yo estoy internado hace un año y diez meses en una clínica terapéutica profesional.
—¿Vive en la clínica?
—Ahora vivo en Pilar con mi vieja, pero duermo uno, dos días en la clínica. En la clínica profesional que se llama Gradiva.
—¿Cuánta gente hay en su misma situación?
—Te voy a contar un poco para que sepas. Gradiva es una comunidad terapéutica profesional que a mí me salvó la vida. Me da piel de gallina, pero yo me recuperé, por eso te digo que más allá del peso yo recuperé la vida. Perdón, me súper emociono. Yo, sinceramente, volví a nacer. Volví a nacer, recuperé a mi familia. Recuperé mis vínculos, mis lazos. Me reencontré conmigo mismo. Recuperé las ganas, el sentido. Alejarme de la droga. Amigarme con la comida. Por que uno dice: “¿La comida?”. Sí, la comida. Algo tan simple como la comida. Y mi familia, mi mamá, que la puedo ver, la puedo tocar, la puedo abrazar y la puedo mirar a los ojos. Mi sobrinito. Mi terapeuta, mis psicólogos. Mis compañeros, que estamos todos en la misma y salimos todos para adelante; hacemos los grupos a la mañana, a la tarde. Y a mi hermano. Y todo. Y es tan lindo volver a recuperar la vida. Porque yo tuve en algún momento una vida. Entonces, para los que están pasando por lo mismo, les digo que se puede volver a recuperar la vida. Se puede. Confíen, confíen en que se puede porque yo estaba muy mal.
—¿Ahora está en plena recuperación?
—En plena recuperación. Hace tres meses me clavé un blíster de laxantes. Recaí en laxantes. Tuve una compulsión. Tuve atracones de comida y recaí en laxantes. En cocaína y alcohol y todo eso ya hace un año y diez meses que no recaigo. Que no tengo el deseo.
—¿Qué hizo ante esa recaída?
—Me volví a refugiar en la clínica. Volví a tener toda la contención. Volví a tener todo el amor. Volví a darme cuenta. A hacer terapia con mi terapeuta, Raúl. Con Esteban Yaria. Con mis psicólogos.
—¿Qué significa para usted hoy el alcohol?
—Y… algo que hacía quemar el pasado y olvidarme de las penas que me molestaban.
—¿Las drogas?
—Las drogas son el infierno para mí.
—¿La balanza?
—Uff, la balanza es el peor enemigo que tengo. No tengo balanza, porque si la tengo me peso, me tie2nta pesarme. Pero no quiero pesarme porque todavía sigo teniendo un problema. Lo tengo que admitir. Tengo un problema con el número. Por eso no tengo que pesarme. Porque el número, yo sé que capaz peso 75 y digo “estoy bien…”.
—Si un día dice 75,4, ¿qué hace?
— Digo: “Huy, no, esos 400 gramos están de más”. Yo reconozco que tengo ese problema, por eso no tengo balanza en casa.
—Si le muestro una foto suya de modelo en pleno éxito, ¿que se le viene a la cabeza?
—Al principio me sentía muy bien. Tenía momentos que me sentía bien. Generalizando, estaba siempre medio en consumo y vacío. Y uno siente orgullo. Te levanta un poco el ego, obvio.
—¿Cómo es tener una relación, crear vínculos, con una persona totalmente adicta?
—Y… uno por lo general busca personas adictas iguales. Terminás con un adicto igual.
—Hoy está en proceso de rehabilitación, de recuperación, de reencontrarse. ¿Qué aprendió de todo ese infierno?
—Aprendí un montón. Hoy en día me reinserto, yo hoy almuerzo con gente que no toma alcohol. Vivo una vida normal, todo. Y la verdad es que aprendí que hay que tener control. No hay que vivir las cosas desmesuradamente. Hay que disfrutar la vida. Hay que disfrutar las cosas. Hay que saber cuándo decir que no. Hay que saber cuándo decir que sí. Hay que saber cómo manejarse. El secreto es saber cómo manejarse, con quién manejarse. La droga es difícil, está en todos lados. El alcohol está en todos lados. La calle está jodida. Está jodida para todos igual. La marihuana se consume muy fácilmente. Está esto de legalizarla, todo, yo la verdad que estoy completamente en contra porque a mí me hizo mucho daño, más allá de que yo abusé de todas las drogas.
—¿Cómo continua su carrera de modelo?
—La carrera de modelo me trae malos recuerdos. Y aparte yo estoy concentrado en otras cosas. Yo ahora estudio la adicción, estoy estudiando para ser operador socioterapéutico en adicciones. Quiero estudiar, quiero ver la enfermedad desde otra perspectiva para poder ayudar a otros que están pasando por lo mismo que yo.
—¿Qué le diría este Juan al Juan adicto?
—”Seguí así que vas en buen camino. Estás en buenas manos de vos mismo”.
—Un mensaje para toda la gente que está padeciendo lo que usted.
—Que se quieran como son, cuerpo, mente y alma. La vida no es un cuerpo. La vida no es una foto.
—¿En algún momento la vida fue una foto para usted?
—Yo me sentí una foto muchos años. Yo fui una foto muchos años. Siendo modelo fui una foto, fue censurada mi palabra muchos años. En el año 2009 fui entrevistado por Infobae como el mejor modelo que desembarcaba en Europa para Dior, fotografiado por Karl Lagerfeld, y ahora me encuentro en el año 2023 como el modelo que viene a contar su historia con las drogas, el alcohol y la parte oscura del modelaje.
—¿Cómo vive esta paradoja?
—Como que es una realidad que me tocó vivir. Es mi realidad. Lo vivo con mucho humor, lo tengo trabajado. Te das cuenta de que lo tengo muy trabajado. Me llena de orgullo saber quién soy. Obvio que me emociona, porque si te digo que no me hubiese encantado tener una vida mejor te miento.
—¿Le gustaría haber sido el modelo que triunfa en París sin adicciones?
—Sí, claro.
—¿Y no se puede volver a ser modelo sin adicciones?
—No sé, creo que mi vida… Obviamente me emociono mucho porque mi madre sufre mucho por tantas adicciones. Ella se angustia y me pregunta: “¿Por qué te cagaste así la vida?”. Pero no me lo dice como cagándome a pedos, se lo dice a ella misma. Como que ella se dice a sí misma qué hice tan mal que te cagaste la vida. Y le digo: “Bueno, no es con vos, es conmigo la cosa. No te la agarres con vos”. Y me da como cosa.
—¿Qué le diría a su mamá?
—Ay, mi mamá es lo que yo más amo en mi vida. Es lo que más amo. Es el sol de mis mañanas. Es la luz de mis noches. Aunque suena re cursi es por lo que yo vivo. Es por lo que yo también me recuperé. Es una de las razones, aparte de que uno tiene que recuperarse por uno, gran parte de lo que yo hago, lo que yo hice y lo que yo voy a hacer también es gracias a ella. Estoy muy agradecido. Sin su fuerza yo no hubiese estado acá.
—Para finalizar, ¿ser flaco es ser feliz?
—No. Ser flaco no significa nada más que ser flaco.

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