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La noticia de la muerte de Ernesto Jauretche sacudió este sábado a distintos sectores del peronismo, la militancia y el ámbito de los Derechos Humanos. En La Plata, donde construyó buena parte de su recorrido político y militante, comenzaron a multiplicarse los mensajes de despedida y los recuerdos sobre su figura.
En ese marco, Jesús María “Tito” Plaza habló con este medio y trazó un extenso recuerdo del histórico dirigente peronista, a quien definió como “un prócer” y como parte de una generación que “dio todo” por sus ideales. Un hombre que en tiempos difíciles, sin medir costos, decidió no ocultar nunca su pertenencia a Montoneros.
“Con la muerte de Ernesto pierde el peronismo y pierde el país. Es un momento dificilísimo, sobre todo para la generación de Ernesto, a la que pertenezco, junto a otros compañeros que se están yendo. Es una generación que ha dado todo”, comenzó afirmando este abogado, periodista y referente de los Derechos Humanos; y añadió que Jauretche “se va en calidad de prócer”.
Y remarcó: “Yo lo defino así y defino así a cada uno de aquellos que vienen militando desde cortísima edad y pasando por todo lo que hay que pasar para poder llegar detrás de una idea, de una ideología, de un sentimiento y de una cuota de calidad militante importantísima”.
Es que para Tito Plaza uno de los aspectos centrales de la figura de Ernesto Jauretche fue que nunca renegó de su historia política, incluso en momentos donde hacerlo implicaba costos personales y sociales.
“El caso de Ernesto es muy especial porque, además de haber sido un hombre muy comprometido, era un hombre que nunca negó su participación en los sectores tan criticados después y durante la dictadura genocida”, señaló.
Y agregó: “Él era un militante, estuvo exiliado, fue perseguido y además siempre de frente. Tenía una cualidad muy especial: era un tipo afectuoso, cariñoso, pese a su posicionamiento de militante de frente, de frente de batalla”.
En ese sentido, Plaza recordó un episodio ocurrido en La Plata a fines de los años noventa, durante un seminario organizado por la Dirección General de Derechos Humanos de la Municipalidad local, que por entonces estaba a su cargo. Allí participaron Jauretche y Estela de Carlotto ante un auditorio colmado en el Pasaje Dardo Rocha.
“Él asumió con una naturalidad y una seguridad tan profunda que era Montonero. Estamos hablando del ‘99, era muy difícil ese tipo de caracterizaciones y de identificaciones en esa época. Sobre todo con el historial de él, sobrino del gran Jauretche, nuestro maestro de toda la vida”, recordó.
Para Plaza, aquella escena tuvo un fuerte impacto político y personal: “Que se definiera como lo que era y como lo que fue, como lo que nunca negó y siempre reivindicó, me dio todavía más orgullo de contar con su amistad. Había que tener valor: valor social en esos tiempos, valor intelectual para decir que lo era y por qué lo era”.
Por ello, este intelectual y militante platense insistió en la idea de que Ernesto Jauretche debe ser recordado más allá de las pertenencias partidarias o ideológicas. “Mi ideal sería que Ernesto sea considerado, más allá de la militancia, más allá del peronismo y de las ideologías, un prócer. Porque son aquellos que marcan con su ejemplo de vida el camino de lo que hay que seguir”, sostuvo.
Y continuó: “Para este momento de la historia del país, que es el peor después de 200 años, que aparezcan personajes como Ernesto es una forma de enseñar. Como dice Martín García, ‘ahora va a la básica celestial’. Y su vida deja un mensaje, ‘sigan este camino que me tocó hacer a mí’”.
Párrafo aparte mereció el recuerdo del legado político e intelectual de su tío, Arturo Jauretche, a quien definió como “nuestro maestro de toda la vida”. “Lo que significaba para nosotros don Arturo era enorme. Era un prócer para nuestra generación”, señaló, y remarcó que Ernesto continuó esa tradición ligada al pensamiento nacional y a la militancia política.
“Si ellos no dejan un legado con su conducta, no tiene mucho sentido haber pertenecido a una generación que dio todo, que se inmoló”, insistió Plaza, volviendo a poner sobre la mesa la importancia de tomar como faro a esa generación que atravesó la militancia de los años setenta, el exilio y la persecución. Y cerró: “Mis valores son los valores que me inculcaron ellos con su conducta, estos compañeros”.

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