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Griselda Siciliani: “Siempre me ando enamorando de alguien”

A punto de estrenar Pura Sangre, en el Paseo La Plaza, la actriz confiesa sus proyectos, su presente y el rol más importante de su vida, ser mamá de Margarita

Griselda Siciliani: “Siempre me ando enamorando de alguien”

3 Sep, 2023
Por Tatiana Schapiro
A los ocho años Griselda Siciliani soñaba con ser bailarina. No imaginaba que iba a ser justamente la danza la que le abriría las puertas a la música, al humor, al teatro y, finalmente, la acompañaría a convertirse en una de las actrices más buscadas de su generación.
A días del estreno de Pura Sangre, está feliz y no lo oculta: “Es una obra que amo. La que más me gustó hacer en mi vida, hasta ahora”, afirma sobre el espectáculo que volverá a protagonizar desde el 6 de septiembre en el Paseo La Plaza.
La obra que crearon junto a Jorgelina Aruzzi y Carlos Casella pone énfasis en esa necesidad femenina de “verse enamorada”, como si la pareja fuera un lugar al que llegar, un sentimiento que mezcla los anhelos personales con los mandatos culturales y las expectativas sociales.
En el proceso de creación no faltaron, por supuesto, anécdotas personales llevadas al extremo: “Es el humor que a mí me gusta, cuando nos vamos bien profundo a reírnos de algo y estamos ahí a un pasito de llorar también”, confía Griselda.
—¿Qué es lo más loco que hiciste por amor?
—Hice de todo yo. Olvidate. Y ni siquiera sabría decirte si es por amor. Es por locura, o a veces por carencia más que por amor.
—¿Pero qué te encontraste haciendo?
—Viajes. Ir disfrazada a lugares. Tengo dos mil anécdotas. En Pura sangre hay muchas que no quiero spoilear porque hay que ir a verla.
—Disfrazada a lugares, ¿qué sería?
—Ir a un lugar disfrazada para que no me reconozcan, con disfraces espectaculares. Pasar desapercibida entre la gente. Sin hablar mucho porque si empezaba a hablar algunas personas me reconocían.
—¿Pero el objetivo cuál era? ¿Seguir a alguien a ver qué hacía?
—O ir a ver a alguien a algo que hacía.
—Vos, ya conocida en ese momento.
—Claro, sí, muy conocida.
—Ahora me decís: “La semana pasada estuve disfrazada…”.
—No. Estos años estoy muy tranquila. Fue hace muchos años. Pero yo ya trabajo hace muchos años.
—¿Viajaste también siguiendo a algún amor?
—Sí, he viajado. He viajado con algunos amores de manera clandestina. Entra en algo de la adrenalina de algunos vínculos.
—¿Sos enamoradiza?
—Muy (risas). Ni lo dudé.
—Ni un segundo.
—Sí, soy enamoradiza. Casi que no entiendo mucho un vínculo sin enamorarte un poquito aunque sea. Ves a alguien un día, una noche y un poquito me enamoro, o si no, directamente andate.
—¿Sos de desilusionarte rápido?
—Sí, también. Me cuesta el punto medio, es un trabajo que hago día a día conmigo.
—¿En qué momento de tu vida entendiste qué era lo que vos querías y te dejó de importar el afuera o la mirada ajena?
—El aspecto profesional es un modelo para mí misma porque siempre tengo mucha claridad. Es un lugar en donde soy muy segura: tengo mucha certeza de cuál es mi deseo. En lo personal, en lo vincular con un hombre, soy más difusa y tengo que aprender de esa otra parte en donde me manejo mejor. Soy muy pasional. Si algo me apasiona en cualquier aspecto de la vida, voy a full con eso, no mido consecuencias. Ahora estoy mejor. Pero todo el tiempo estoy ahí, buscando quién soy. En los últimos años siento que cada cosa que hago, cada cosa que digo, y mis actos y mis dichos, reflejan cada vez mejor mi identidad.
—¿Y qué te encontró con eso? ¿Tuvo que ver con una búsqueda personal, con terapia, con la maternidad, con ir creciendo y madurando en ciertos aspectos?
—Un poco de todo eso. La maternidad, mucho. Ya voy 11 años de madre y fue un descubrimiento alucinante. Fue el romance de la vida. Ese vínculo con mi hija me dio vuelta todo. Me hace muy feliz día a día.
—¿Y estás preparada para la adolescencia de una hija?
—No sé. Voy siguiéndola porque siento que es muy sabia. Aprendo mucho de ella.
—¿Y hay momentos en los que quieras huir de la maternidad?
—Por ahora no me pasó. A mí por encima del rol de mamá lo que lo supera es el vínculo con esa persona que es mi hija.
—Te gusta ella.
—Me gusta ella, y me gusta el vínculo que tenemos y que construimos. A veces me frustro y trato de aprender y de entender.
—Cuando se va a la casa del papá, ¿la extrañás?
—Sí, la extraño. Pero ya sé que vuelve.
—Con Suar, en la paternidad y la maternidad de Margarita, pudieron armar una muy buena sociedad.
—Muy buena y muy entretenida. Nos divierte un poco ese equipo que hacemos siendo padres de Margarita.
—¿Toman las decisiones importantes juntos?
—Sí, y las no importantes también. Se conversa todo. Esa familia funciona muy bien.
—¿Van a hacer teatro juntos con Adrián?
—No sé todavía. Es una propuesta que me llegó y estamos viendo. Estoy viendo yo sobre todo, porque tengo algunos compromisos de película, de series. Está la propuesta, y me encantaría.
—Ustedes no volvieron a trabajar juntos desde Sin Código.
—Ni siquiera trabajamos juntos nunca, siendo pareja. Un fiasco (risas). Estaría bueno, pero tal vez es para dentro de unos años, qué sé yo. Estamos viendo. A mí me encanta trabajar con Adri. Además, en el proyecto hay otros actores también muy divinos. Y está Mariano Pensotti, que es un dramaturgo y un director que yo amo y que es un genio.
—Y sabés que si eso sucede, vamos a estar todos esperando la reconciliación.
—¿Vos decís? Qué aburrimiento, ¿no? Porque es como otra vez… Eso es pura fantasía. Nosotros tenemos un vínculo que ya pasó eso. Nos separamos hace muchos años.
—Llevan casi tanto tiempo separados como el que estuvieron juntos.
—Sí, más tiempo separados, pero tenemos buena onda y hay tanta costumbre de la mala onda…
—Sí, y ninguno de los dos presentó tampoco una pareja muy fuerte en estos años.
—Claro. Que no quiere decir que no hayamos vivido las vidas. Entiendo la fantasía perfectamente, pero no.
—Él hace no mucho habló con Angel De Brito, no me acuerdo las palabras exactas, pero daba a entender que fue una decisión tuya y que para él había sido un momento difícil. ¿Fue fuerte para vos escuchar eso?
—Me sorprendió: fue una exposición de la intimidad que Adri no suele hacer. Pero me sorprendió para bien porque lo sentí muy honesto y muy relajado, diciendo lo que le pasaba sin ningún tipo de corrección política. Me sorprendió, pero los dos somos libres de contar acerca de nosotros mismos lo que queramos.
—¿Se viene Zulema Yoma, en la serie de Carlos Menem?
—Se viene. Ya terminé. No podemos hablar mucho pero fue una experiencia espectacular. Yo no había trabajado nunca con Ariel Winograd y me encantó. Fue un amor a primera vista.
—¿Cómo fue volver, aunque sea en la ficción, a los 90?
—Sensaciones encontradas. Fue todo un viaje ese proyecto. La experiencia que viví, que fue hermosa.
—¿Tiene más que ver con la vida política de lo que pasaba en esa época o con lo que pasaba adentro de esa familia?
—Un poco de todo.
—¿Hablaste con Zulema o con Zulemita?
—No, no hablé.
—Qué privilegio enorme poder elegir lo que uno tiene ganas de hacer.
—Siempre. Pero en este contexto donde hay menos trabajo para los actores trato todo el tiempo de tener conciencia de ese privilegio.
—Me impactó mucho en estos días ver por un lado a Pablo Alarcón haciendo teatro a la gorra, y por otro, a Jorge Martínez viviendo en la Casa del Teatro.
—Siempre ha sido así, en realidad. Siempre ha sido muy difícil. Somos muchos más actores que los actores que trabajamos y que vivimos de nuestro trabajo. Ahora y siempre. Hay una crisis muy grande también por no haber ficción en la televisión abierta, o haber muy poca. Pero siempre fue difícil para todos los artistas. Ni hablar la danza; esperamos que salga la ley nacional porque es una cuestión totalmente rezagada en este país, con la cantidad de bailarines maravillosos que hay.
—En plataformas se está haciendo ficción. ¿A los actores les cambia económicamente cómo funciona una serie o las repeticiones? Está súper desregulado todo eso, ¿no?
—Están luchando mucho todas las entidades que nos protegen, SAGAI, para ver qué se puede hacer con eso. Es todo tan nuevo que hay que empezar a ver y defender nuestros derechos de interpretación.
—Tuviste una militancia muy activa en la interrupción voluntaria del embarazo. ¿Después de eso hubo o hay alguna otra causa que te interpele de esa forma?
—Muchas. Elijo dónde poner el cuerpo porque es muy pesado. Es muy castigado poner el cuerpo. Y trato de hacer lo que pueda cuando hay algo. También trato de saber cuál es mi espacio de lucha y cuál es mi espacio de expresión. En Pura sangre hablo de un montón de cosas que me interpelan y en las que creo, y que creo que tengo que decir, acerca de los mandatos, acerca de la cultura, acerca de las mujeres. Lo hacemos de manera humorística y también con una gran profundidad. Después, si tengo que poner por fuera de eso el cuerpo para alguna causa lo pongo y no me importan los seguidores, los haters o lo que fuera. Hay cuestiones, sobre todo en este momento, derechos que hay que seguir defendiendo. Por más que estén ganados siento que hay que seguir luchando por eso para que nadie nos los arrebate.
—¿Tuvo un costo poner el cuerpo con la discusión del aborto?
—Sí, también con lo de Thelma. Con un montón de cuestiones en donde yo sentí que quise aportar mi capital, que puede ser comunicar. Todo lo que conseguimos o lo que intentamos conseguir es de una lucha colectiva que siempre tiene que ser con otros. Siempre es con otros.
—Pensaba en lo que le pasó a Lali con el tuit del día de la PASO y en el costo de expresarse para los artistas o las personas públicas.
—Sí. Tiene un costo, y nosotros no somos ingenuos. Lali no es ingenua, es valiente. No es que ella, porque es ingenua, puso lo que pensaba y dijo: “¡Ay, me sorprendió!”. Ella, sabiendo todo lo que se le viene, igual sintió que tenía que decir lo que pensaba porque sabe quién es y lo que significa en muchas personas. Tiene mucha llegada y una voz muy fuerte. Eso habla de su valentía, porque pone su capital al servicio de algo en lo que cree. Eso lo aplaudo, me saco el sombrero.
—Qué valentía.
—Sí, muchos y muchas tienen esa voz, esa llegada, y sin embargo prefieren, y lo respeto también, no hacerlo. Ella dice: “Lo hago, creo en esto y esto, lo voy a decir, no importa lo que venga”.
—¿Cómo te sentís con todo lo que nos está pasando en esta Argentina que por momentos impacta, por momentos duele, por momentos nos pasa de todo?
—Como todos. Un poco sorprendida. Desorientada. Esto que pensé que era un chiste, no; hay mucha gente que lo toma como algo en serio, me asusta. Pero también tengo esperanza de que seamos un país diferente. Que no vamos a tener un Bolsonaro, un Trump. Que políticamente seamos un poquito más evolucionados. Pero no lo sé. Mantengo la esperanza porque sí, porque me parece lo mejor.
—¿Te gusta ir a votar?
—Sí, me gusta mucho ir a votar.
—Costó mucho la democracia.
—Claro. Y en este momento defender la democracia es lo que hay que hacer. Estamos ahí para eso. Sí, voy contenta.
—¿Vas enamorada de algún candidato?
—No. Pero eso hace muchísimo tiempo que no me pasa. Sí de un tipo de ideas a las que siempre adherí. Además vengo de una familia que siempre estuvo de un lado y entonces me es más claro, sobre todo en este panorama, de qué lado estoy. Tal vez el candidato no es el que más me gusta, pero sí, claro.
—¿Andás enamorada?
—No.
—Todos te queremos noviando…
—¿Por qué será?
—Me dijiste hace un ratito que sos enamoradiza.
—Sí. Siempre me ando enamorando de alguien. Pero no estoy en pareja y no estoy con nadie así, muy en serio.
—¿Hay alguien que conozca Margarita?
—No, no. No me ha tocado esa instancia todavía.
—¿Qué debería suceder para que le presentes un novio a Margui?
—Que sienta que es un novio. No tuve en estos años esa disyuntiva. Nunca lo pensé. Ninguno llegó a ese puesto. Uno puede estar mucho tiempo con alguien sin presentárselo a los hijos.
—¿Sos llorona?
—Sí, mucho.
—¿Hay un mirarte al espejo cuando llorás?
—A veces sí, para después actuarlo mejor (risas).
—¿Se musicaliza el llanto?
—Por ahí en el auto. En el auto el llanto a los gritos con tema, puede ir. Puede andar, puede andar…
—Si tenés que elegir una pareja, ¿te quedás con el rubro del deporte, con el rubro musical, con el rubro empresario?
—El rubro musical: he colaborado muchísimo con SADAIC. No sé si no estoy incluso por cobrar una cuota… (risas). Voy a ir a ver si no tengo algo a mi nombre. Por ahí hay algo a mí nombre. No, no me fijo por rubro; puede ser cualquiera.
—Comiste con Messi, Griselda.
—Sí, pero yo ya había frecuentado a Messi antes de que sea campeón del mundo por supuesto.
—¿Por qué? ¿Cómo?
—Porque Adrián es medio amigo de él y yo he ido a su casa en Barcelona con Margui chiquita. Me muero por Messi. Me muero por Antonella. Antonella me parece lo más del mundo. Creo que la quiero más que a Messi. Soy re team Antonella.
—¿Te chateás con Antonella?
—No. No tengo tanta cercanía. Con Lio tampoco. Pero qué pibe divino. Lo amamos todos. No digo ninguna novedad, solo que lo amo, que le deseo siempre lo mejor. Deseo que sea tan feliz. Que disfrute.
—¿Lo choluleaste un poco?
—¿Qué? Yo tengo miedo de romperlo cuando lo veo. Dije: “Lo voy a abrazar y a este chico lo voy a lesionar…”. No se puede no cholulear a Messi. ¿A quién vas a cholulear?
—¿Tenés camiseta firmada?
—No tengo camiseta firmada. Tengo una firmada por Riquelme. ¿Vale?
—¿Has choluleado gente?
—No, no soy muy cholula. Con los jugadores sí un poquito me agarra. Con estos grandes, con Diego me pasaba. Me ha pasado de verlo en alguna oportunidad y paralizarme. No recuerdo con otras personas, pero con Diego, con Messi. Justo esos dos, ¿quién no? No sé quién se puede parar frente a esas personas y no emocionarse.
—¿Qué tenés ganas de que pase para adelante? Estás con un presente re lindo.
—Sí. Se vienen cosas muy lindas y estoy disfrutando mucho de la vida hermosa que me toca. En todos los aspectos de mi vida me siento muy afortunada, muy privilegiada. La paso muy bien conmigo, con mi vida y con mi gente. Con mi trabajo. Es un montón.
—¿Y qué le decís hoy a esa nena que a los ocho empezó a bailar?
—Le diría que está todo bien. La danza es muy exigente, cuando estudiás danza hay que estudiar mucho. Decía un amigo que para ser una mala bailarina hay que estudiar muchísimo. Por ahí, para ser una gran actriz podés no haber estudiado nunca. Cuando era chica creía que solo iba a ser bailarina y la misma danza me fue llevando a de golpe ver una obra de teatro y decir: “Ay, ¿y esto…?”.
Mirá la entrevista completa:

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