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Feli Colina: de cantar en el subte y grabar en Abbey Road a renovar la música popular y gemir encima de Sandro

La cantante lanzó Lxs Infernales (Del Valle Encantado), disco que también incluye versiones de Los Hermanos Ábalos, Cuchi Leguizamón, Ariel Ramírez y la cubana Margarita Lecuona

Feli Colina: de cantar en el subte y grabar en Abbey Road a renovar la música popular y gemir encima de Sandro
Feli Colina: de cantar en el subte y grabar en Abbey Road a renovar la música popular y gemir encima de Sandro
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17 Jul, 2023
Por Ezequiel Ruiz
Appetite for Destruction, el voraz debut de Guns N’ Roses, se despide con los gemidos de “Rocket Queen”, pertenecientes a una stripper llamada Adriana Smith. Aunque era la novia del baterista Steven Adler, sus gritos de éxtasis surgieron de la fricción de su pelvis contra la del cantante Axl Rose, galante anfitrión de la muchacha que registró su orgasmo en uno de los álbumes más vendidos de los años 80. Para el ojo ajeno habrá sido una invitación poco ortodoxa, pero no desencajaba en la rutina salvaje de los forajidos de Hollywood.
Ese fue el primer disco que Feli Colina se compró en su vida, cuando todavía era una adolescente que pateaba las calles de Salta con su rebeldía a cuestas. Ahora la que gime es ella, junto con María Pien y Lola Cobach, y encima del estribillo de una versión porno y galopante de “Trigal” (Sandro), que venía insinuándose en sus shows pero que ahora se imprime en el todavía flamante Lxs Infernales (Del Valle Encantado): lo más caliente que se grabó en lo que va de este año, por encima de cualquier barra hipersexualizada de las tantas que suenan por ahí.
“A gemir las chicas, a gemir. Fue muy divertido porque fue lo último que hicimos y les daba vergüenza. Fue un momentito en el que hubo que sacársela. Nos reíamos de los nervios y también nos calentábamos. De repente estábamos en el estudio escuchando gemidos, pidiendo que sea más rítmico. Y todos cada vez más rojitos, cada vez más sexuales, sabiendo que era porque estaba pasando eso. Fue un momento espectacular”, recuerda Feli ese momento de la sesión en conversación con Teleshow.
“Lo del gemido es, tal vez, la decisión que más me gusta del disco. Es un instrumento, también”, explica de este trabajo en el que, además del Gitano, también se mete con Los Hermanos Ábalos, Cuchi Leguizamón, Ariel Ramírez y la cubana Margarita Lecuona para trazar un corpus folclórico americano -no necesariamente folklore- sobre el que transpiró y sangró para deformar y rearmar con beats tribales.
Los shows de Feli Colina manejan esa misma energía irreverente, ese erotismo combinado con ternura, como si uno de sus oídos estuviera guiado por voces angelicales y fantasmales, mientras el otro se llena con ecos de calaveras y diablitos. A tono con esta dualidad, su vestimenta puede ser blanca o negra pero siempre va rasgada y sugerente. Argentinísima y satelital -el disco salió el 25 de mayo y lo presentó el 9 de julio en Vorterix-, ella se hace cargo de sus raíces y de su carne, de la tradición y del presente. Y concentra y dirige la energía colectiva de su grupo, Lxs Infernales -guiño a la División Infernal de Gauchos que estaba al mando de otro salteño ilustre como Martín Miguel de Güemes- que tiene ánimo de comparsa, parecida a la que se divierte en el corso que la cantante otea desde lo alto de Farándula, esquina porteñísima si las hay, en el clip de “Carnavalito del Duende”.
Estas canciones que versionaron (más otras que no quedaron en el disco) son las que sirvieron de humus y punto de partida para el cautivante El Valle Encantado, álbum que Colina editó el año pasado y con el que abrió una nueva ventana en la música popular argentina. “Son las que elegimos para darle forma al show con el que lo presentamos. Las teníamos en el cerebro, las veníamos tocando y escuchando en el proceso de grabación. Nunca antes había hecho versiones de otros y ahora lo hice porque sentía que en Internet no había nada de nuestra energía del vivo, era algo que no estaba retratado en mis discos anteriores. Entonces era la oportunidad”, explica.
Si para El Valle Encantado había puesto el cuerpo para ilustrar los diseños de cada una de las canciones, ahora Feli le da lugar a los trazos rojo sobre gris de la artista Nicole Snaiderman, que dibujó a un caballo intimando con una dama en la tapa del nuevo álbum. “Esto es algo así como El Valle Encantado Explícito. En El Valle… más o menos podés escuchar una influencia folclórica, una influencia de la música actual, una sensualidad, una intuición. Y acá es como: ‘Estas son las canciones, el estribillo con reggaetón, ponemos gemidos en el estribillo de ‘Trigal’. Es sexual, instintivo, salvaje, agresivo. A los bifes”, define.
A la hora de la elección del repertorio, dice que se inclinó por letras que más le hacían reír: “‘Gloria’, de la Misa Criolla, me causa gracia porque me hace acordar de mi Navidad, de mis primas, por el hecho de estar cantando ‘Gloria a Dios, en las alturas…’”. Si bien la presencia de la Iglesia Católica es fuerte en Salta, no se autopercibe como parte de ese rebaño. “Medio que no hay escapatoria. Yo fui a una escuela católica toda la vida, entonces íbamos a misa como parte de la clase, se rezaba antes de empezar el día. Pero mi casa no era particularmente católica”, cuenta.
Tampoco era de escuchar folclore, reconoce. “La Feli adolescente era insoportable. Divina, una aparata total, pero era muy rockera, demasiado. Se hubiera burlado de la Feli de hoy, que escucha música de raíz o reggaetón. Yo estaba negadísima con el folclore, estaba muy en pose rocker”, se ríe. Esa fuerza la trajo hasta Buenos Aires cuando tenía 19 años. Había empezado a estudiar Derecho e incluso llegó a trabajar por unos meses en un estudio jurídico porteño. Pero tras ser despedida, se decidió por sacar afuera la música con la que cargaba. Y salió a tocar a los subtes.
“De esa experiencia me quedó todo: confianza con Buenos Aires, un entendimiento de que un porcentaje muy grande de la gente es buena, es sensible y está dispuesta a conectarse. Aprendí a sacar la voz, a hacerme escuchar en un lugar en el que no tienen ganas de escucharme, captar esa atención, seducir, practiqué guitarra… Fue mi gran escuela”, resume de la vivencia con la que junto lo necesario para grabar su primer disco, Amores Gatos, que aun se puede escuchar desde su perfil de youtube. Comparado con lo que vino después, acá apenas se revela un lado más naive y convencional desde el punto de vista cancionero.
Para 2018 ingresó como corista a Conociendo Rusia y grabó en el primer álbum del proyecto de Mateo Sujatovich. Ese mismo año ganó el concurso Camino a Abbey Road, cuyo primer premio era una sesión en el célebre estudio beatle. Ahí registró Feroza, editado en 2019 y en el que su música ya portaba otra personalidad, se volvía más inasible, inclasificable, original. También comenzaba a dar sus mejores frutos la fuerza creativa de su sociedad con Baltazar Oliver, hoy director musical de su grupo. “Ese disco tuvo una re linda repercusión, me cambió de posición en la vida, me puso en otros escenarios”, dice hoy. Y cuando se preparaba para dar un gran salto, el 2020 pandémico puso el freno de mano.
La quietud de esos días a Feli le sirvió para reconectar con sus raíces y encontrar materia en la música autóctona para seguir transformando lo suyo. El resultado fue El Valle Encantado: preciosista, cargado de detalles, de voces y de registros, a años luz del tag “folklore alternativo” que le adosaron para competir en los últimos premios Gardel (categoría que terminaría ganando Noelia Sinkunas con su disco Salve). “Yo creo que uno hace la música que puede. Por lo menos yo, hago la música que puedo y no la que quiero. Me encantaría hacer música re bailable, por ejemplo. Pero no sé si me sale. Sí creo que me fui poniendo más elástica con la escucha de distintas cosas. Lo que me conmueve me gusta. Y ya. Pero no solo en la música, sino también en la danza, el teatro, la poesía, los humanos, las charlas… Hoy en día, veo más entrevistas de lo que escucho discos, por ejemplo”, dice esta artista de casi 29 años.
Desde hace algunos años está en pareja con Florián Fernández Capello, quien capitanea su proyecto solista a la vez en que toca la guitarra en Los Fabulosos Cadillacs, además de ser hijo de Vicentico y Valeria Bertuccelli. Feli asegura que este año van a sacar, por fin, su primera canción juntos. Y que dentro de los límites creativos de la relación, prefiere no involucrarse tanto en los procesos de su compañero. “Lo suyo es lo suyo y lo mío es lo mío. Soy de observar y acompañar, pero opinar cuando me lo pide. Trato de atajarme la lengua, no porque sea especialmente crítica, sino es que soy sincera con mis opiniones. Si vos te ponés a hacer un café ahora, yo te voy a decir: ‘Está muy frío’ o ‘Está muy caliente’, ‘Ponelo un poquito más’. Me meto. Y si veo a cualquier persona componiendo una canción, me da ganas de empezar a meterme”, dice.
—¿Con vos misma cómo sos?
—Mucho más dura, más crítica. Hago terapia, por suerte, y ahí trabajo mucho el no exigirme demasiado. La vida es una sola, no es hacer las mejores canciones. Eso no es lo más importante. La vida está lejísimo de serlo. A veces, cuando una es muy autocrítica, disfrutar los procesos no va muy de la mano con la exigencia. Entonces si me empiezo a tratar mal y me doy cuenta, me digo: ‘Tratame bien’. Para mí el trabajo no es tan importante, es un medio de vida. Mi expresión es importantísima, es necesaria, pero me puedo expresar encerrándome en un cuarto a bailar. Una quiere que el disco quede bien, que el show salga bien y no sé qué. Pero estás jugando, ¿no? No estás haciendo una operación a corazón abierto. No se va a morir nadie porque esta palabra esté escrita así o asá.
—Es llamativo esto que decís sobre vos misma, dado el nivel de detalle que hay en tus canciones.
—Sí, soy súper exigente, por eso tengo que restarme importancia. Hasta que una canción no me gusta, no se la muestro ni a Balta. Y ese es el proceso más duro, cuando estoy sola esperando a que la canción sea, intentando que sea. Encima es cada vez peor, porque a medida que pasa el tiempo tenés más material propio con lo que medirte, te comparás con tu propio recorrido. Y yo soy re amateur. No tengo un método para componer: recién ahora por primera vez en mi vida, a los 29 años, estoy por aprender música, piano, lenguaje musical. No sé teoría armónica, por ejemplo. Me pongo a tocar un acorde y no sé cuál es el que queda bien después. Tengo que probar, probar, probar, hasta que uno queda bien. Así que cada vez tengo más ganas de aprender.

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