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Andrea Taboada: cómo superó su salida de LAM, las reglas no escritas del panelismo y por qué le pediría perdón a su mamá

Hoy, se siente genial: asegura que cambiar significa oportunidad y crecimiento. Luego años junto a Ángel de Brito, ahora está con Mariana Fabbiani en DDM. Los inicios vinculados a la cumbia. La importancia de trabajar en equipo. Pero también, el recuerdo de una infancia dura

Andrea Taboada: cómo superó su salida de LAM

25 Ago, 2023
Por Mariana Dahbar
Necesitó solo un posteo en Twitter para de modo angustia y sorpresa pasar a modo aceptación y crecimiento, con la noticia de que ya no continuaría más en LAM, programa del cual formaba parte desde su creación.
Hoy, Andrea Taboada es parte del renovado Diario de Mariana, también en América, donde su participación está más focalizada en el análisis y la investigación periodística. Lejos del miedo a la reinvención, la periodista celebra este cambio como una nueva oportunidad de aprendizaje y de crecimiento. También hace radio junto a Nacho Girón en el programa: La Mañana De CNN de lunes a viernes de 10 a 13 hs.
En una entrevista muy personal con Teleshow, Andrea recuerda sus inicios de locutora vendiendo música tropical, su llegada a la televisión y el día que conoció a Ángel de Brito, pero también, el mundillo del panelismo y sus reglas. Recién operada de la papada, habla del valor de la imagen en los medios.
Lejos del ego y de la hipocresía, una Andrea Taboada transparente y sensible. Lo que ya es un montón para tiempos desangelados.
—Si alguien que no la conoce la busca en el ChatGPT, ¿qué debiera leer sobre usted?
—Mujer. Periodista. Apasionada. Fogosa. Investigadora. Casera. No sé qué más.
—¿En qué momento de su vida se encuentra?
—Hoy estoy muy bien. Estoy en un momento genial, porque a veces los cambios también significan otras experiencias y oportunidades. Estoy hablando estrictamente de lo laboral ahora. Estuve muchos años con Ángel de Brito, a quien quiero muchísimo, y esta oportunidad de trabajar con Mariana Fabianni la siento como un momento de disfrute. Además, siempre digo que sigo aprendiendo. Estoy haciendo radio también, que me encanta. Yo en realidad empecé en la radio.
—Era un sábado, estaba en mi casa tranquila, hasta que leo un posteo suyo en Twitter donde contaba que se iba de LAM.
—Ay, no empieces (risas).
—Todo el mundo se impactó con la noticia y se preguntaba: “¿Qué le pasó a esta mujer?”.
—Sí, yo le agradezco un montón a la gente. El cariño que recibí, no solamente de la gente conocida y amiga, sino de todo el público.
—¿Le sorprendió?
—Sí, porque me sentí tan querida. A ver, no quiero pecar de falsa modestia, pero la verdad es que me sorprendió. Yo lo escribí, te soy sincera, por impulso. Yo sabía lo que estaba escribiendo. Lástima que escribiera mal una palabra, una falta de ortografía. Pero no importa, ya está. Y era como que necesitaba comunicarlo y verlo yo. Empezaba una nueva etapa, pero bueno, a veces a uno le cuesta cambiarse de lugares.
—¿Lo nuevo le daba un poco de miedo?
—Y… siempre te da. Por más que uno tenga experiencia. Pero bueno, siempre los cambios generan cierto temor.
—Terminó de escribirlo, ¿y qué pasó?
—Y… el teléfono estalló (risas). Y lo vi y dije: “Bueno, esto es una nueva etapa”.
—¿Puede ser que no se sintiese tan reconocida en LAM y con esa noticia confirmó que lo era? ¿O siempre se sintió querida y reconocida?
—Digamos, la gente es muy generosa. ¿Viste que hace como empatía cuando está mirando un programa? Y te lo hacen saber. Hay gente que no, un montón que no. Pero me sorprendió la repercusión que tuvo, no solamente en mis colegas, sino en el público. La verdad es que me dio ternura y les sigo agradeciendo, porque es la gente que nos mira también.
—La última sobre este tema. ¿Cómo le comunicaron la noticia de que no iba a formar más parte de LAM?
—Se venía charlando. Viste que hubo algunos cambios también. Bueno, otras personas que se fueron. Y después llegó el momento del cambio. Por ahí se necesitaba ese cambio en el panel, y también para mí. Entonces inmediatamente después la productora tenía este plan de estar en El Diario de Mariana y me puse recontenta. Porque yo en LAM hacía muchas investigaciones con cosas que estaban vinculadas al mundo de la justicia o los policiales, no siempre con el espectáculo. Acá lo estoy transitando muy bien y me gusta. Me gusta colaborar, me gusta investigar.
—¿Ahora en DDM estaría haciendo algo más periodístico?
—Sí. Por ahí sí. Para mí el periodismo es todo. Para mí también lo que yo hacía en LAM era periodístico por más que sea un chimento cualquiera o, digamos, algo chequeado.
—¿Cómo empezó su amor por el periodismo?
—Yo empecé en Radio Buenos Aires con música tropical. “Las chichis es gratis”: hacía todas esas publicidades. Me encantaba. Ahí conocí a Rodrigo (Bueno), conocí a todos.
—¿Cuántos años tenía?
—21. Apenitas me recibí. Después pasé a Radio del Plata, y se me dio la posibilidad de estar fija y pasar por distintos horarios y conductores diferentes. Estuve con Garibotti, Santo Biasatti, González Oro, Badía, Lalo Mir, que fueron grandes maestros. Yo no lo podía creer. Decía: “¿Yo estoy trabajando al lado de Badía?”. Y ahí empecé a sentirme como que me gustaba estar un poco más activa en el rol de la locutora, entonces empecé a hacer columnas, empecé a hacer producción, a atender teléfonos. Y después me generó mucho más. No reniego de la locutora, para nada, pero sí sentía que podía hacer algo más y que tenía ganas de hacer algo más. Trabajé en América como productora, empezando de pichi. Y después fui creciendo, fui probando otras cosas. Trabajé muchos años con Chiche Gelblung. Con él aprendí. Fue la escuela para mí. Hice de todo, desde guardias en lo de Yabrán a los hijos de De la Rúa, pasando por ir a hacer, no sé si existe todavía, el Golden, donde se hacen las despedidas de solteras.
—¿Qué iba a investigar en el Golden?
—Bueno, ¿viste que Chiche tiene siempre una mirada que te da vuelta? Él quería ver la reacción de las mujeres. No quería que mostráramos tanto al stripper: él quería ver qué pasaba con esas mujeres. Y la reacción era inesperada: algunas lloraban, otras se reían, otras se abalanzaban. Y así aprendí un montón de cosas con Chiche. Todo, todo.
—¿Cómo pasó de la producción a estar adelante de cámara?
—Y así, como es Chiche. Un día estaba haciendo con Gastón Ferrari, otro compañero mío, un informe sobre una niña que había sido apropiada. Los abuelos eran uruguayos, los abuelos de sangre, y ella vivía acá, en Argentina, con los apropiadores. El caso Fulchi. Entonces con Gastón empezamos a reconstruir un poco la historia de ella. Fuimos a la casa de los Fulchi. Bueno, ahí Chiche me dijo: “Andá a vestuario, nena, que te den un saquito, pasá por maquillaje, que te peinen y andá a hacer los copetes del informe”.
—Y después de los copetes, ¿cómo llegó a estar sentada en la tele?
—A veces me sentaba en el escritorio y por ahí comentábamos algún tema. Y de a poco, de a poco, de a poco, como a mí siempre me gustó el cine, el teatro, la cultura, la tele, en la radio fui volcando una columna que tenía que ver con una agenda. Ahí empecé. Después pasé a un programa nuevo que duró bastante años, con la conducción de Maby Wells y Macu Mazzuca. Después pasé a Magazine. Un día un productor nos junta a Ángel, a Mariana Brey y a mí, y nos pide que hagamos un programa de verano.
—¿Hasta ese día no conocía a Ángel de Brito?
—No. De cruzármelo por ahí en Radio del Plata, pero nunca. Y con Mariana tampoco. Fue un productor que dijo: “Éste, ésta y ésta”.
—Lo vio.
—Lo vio. Empezamos con Bien de verano, terminó llamándose BDV porque duró 11 años. Y bueno, ahí empezó mi historia con Ángel.
—Hábleme de los paneles. En sus inicios no había tantos y tampoco eran como la vedette de cada programa.
—No. Nosotros estábamos en Magazine tipo islita, después empezamos a crecer, a crecer, a crecer, pero seguíamos en el canal. ¿Y qué había ahí? En ese momento estaba Intrusos, que era panel, estaba Viviana Canosa con Angelito, y estaba el formato del panel. Pero después la tele se fue convirtiendo más en programas de panel.
—¿Usted se siente una panelista o una periodista dentro de un panel?
—Yo me siento una periodista que trabaja en un panel. Y yo veo que hay personas que por ahí están más preparadas para estar en un panel y hay otras que no. Pasa en todos los órdenes. Pero bueno, convengamos que es un formato rápido de hacer, fácil de ejecutar, pero después hay que perdurar. Y creo que eso también la televisión lo tomó. De hecho, todos los canales lo tienen.
—¿Qué es lo que no hay que hacerle a Andrea Taboada para convivir armoniosamente en un panel?
—A ver, lo que sí me ha pasado con compañeros o compañeras es que, por ejemplo, vendés el tema, que puede ser o no una bomba, y te lo derriban en dos segundos.
—Minimizar el tema.
—Es como que en vez de aportar y que el tema crezca, te lo bajan.
—¿Pero eso lo hacen a propósito o lo hacen sin querer?
—No, por ahí lo hacen sin darse cuenta porque por ahí no tienen experiencia. Yo no le voy a derribar un tema a alguien, y más si está rindiendo en rating. No derribar los temas de los compañeros, por favor se los pido (risas).
—¿Hay muchos bajadores de temas en los paneles?
—Y… hay. Por ejemplo, si yo estoy leyendo un expediente digo: “¡Mirá…!”, por más de que a vos no te guste que sea así, yo no estoy opinando, te estoy leyendo algo que dictaminó la Justicia, entonces, no es mi opinión, no estamos debatiendo. En cambio si estoy debatiendo, perfecto, lo podemos derribar las dos juntas si querés. Pero si yo lo estoy presentando con pruebas, bancá un cacho, no me lo derribes…
—Poco compañerismo.
—Tiene que ver con el saber. Porque si vos traés papeles, por más de que a vos no te guste lo que resolvió la Justicia, es así. Es objetivo.
—¿Hay mucha competencia en los paneles?
—Y sí, pero como en todos lados. Bah, competencia. No sé, a mí me gusta, por ejemplo, ahora estoy experimentando esto que está buenísimo. Martín (Candalaft) hace la parte dura del policial y por ahí son temas que yo en algún momento he tocado, y a mí me gusta aportarle por ahí el otro costado, o le pregunto. Y la verdad es que a mí me copa. Me gusta porque es, justamente, que el tema crezca. Y me gusta trabajar en equipo. Si no, no podría. Me parece que es la manera de hacer crecer al programa, no solamente el panel. Y estamos en un programa con panel, entonces me parece que ahí es donde todos tenemos que apuntar y apuntalar, estar atentos al conductor, a la conductora.
—¿En LAM se trabaja en equipo?
—Sí. Hay más individualidades por ahí. Pero sí. Mucho tiempo se trabajó en equipo.
—¿Cuándo se dejó de trabajar en equipo?
—No está mal tampoco porque hay individualidades, que son las que también sostienen la llama del programa. Hay gente que tiene mucho ángel o tiene mucha atracción que genera en el público.
—¿En LAM quiénes son o eran esas personas?
—Bueno, Ángel para mí es el alma del programa obviamente.
—¿Las otras patas del programa quiénes serían?
—Y bueno, lo que pasa es que fueron…
—Usted era una.
—Yo era una. De las históricas, de las que inauguró con Yanina (Latorre). Y, sí… Bueno, había otras chicas que después se fueron yendo. Pero sí, quedaron las históricas. Pero nada es para siempre.
—¿Qué pasó con el sello de LAM que usted inventó?
—Ah, el “LAAAAAAM” (risas).
—¿Eso lo siguen haciendo ahora, sin su presencia?
—Sí, lo siguen haciendo. No importa, está todo bien.
—Es su legado: quedó ahí.
—Es mi legado. Pero ahora ya algo me va a salir naturalmente para DDM. Porque eso fue una casualidad, fue una pavada que no sé por qué me llevé la mano. Y ahora todo el mundo me lo hace en la calle, los chicos. O por ejemplo en reuniones cuando LAM, es como ya está, de eso no se habla más. Es muy gracioso. Ya me va a salir otra cosa.
—¿Cómo se maneja con el tema de la imagen? ¿Qué ve cuando se ve en la tele?
—A veces la apago. ¡Ay, qué difícil es cuando tenés que verte! Pero la verdad es que está bueno verte también. Está bueno verse. Y después la imagen. La imagen es…
—¿La imagen pesa?
—La imagen pesa. Yo me acabo de sacar parte de la papada.
—¿Y cómo fue?
—No te rías.
—No me rio.
—No… Es que no tengo problema en decirlo porque aparte, es público.
—Pero hay mucha gente que se hace cosas y no las dice.
—Yo las digo.
—¿Le dolió? ¿Cómo fue la operación?
—No, ni siquiera fue operación, fue en un consultorio, del doctor Félix, que lo conozco hace muchísimos años. No hacía falta quirófano, fue una pequeña intervención.
—¿Le cambia la vida estar sin papada?
—Buena pregunta esa. En realidad no, no me cambia la vida. Ahí entramos en algo bien profundo que está bueno, porque con todo lo que está sucediendo, el tema de las operaciones y la mala praxis… Por eso siempre hay que ir a un médico que sepan que es bueno, que tenga todo en regla. No hay que ir con los Lotockis, por favor. Ojalá que reciba su condena… No, la vida no me la cambia, por supuesto que no, pero yo creo que en el último tiempo me veía como rara. Como medio, no sé, tenía demasiada papada. Estaba medio triste y creo que fue una elección que ya venía pensando, pero lo que pasa es que no tenía momento porque me llevó una semana de andar permanentemente con la faja, entonces no podía hacerlo mientras trabajaba.
—Además del retoque en la cara, ¿cómo se maneja con su cuerpo? ¿Hay que matarse de hambre para estar en la tele?
—No, no, no. O sea, soy bastante loluda, tengo mi pancita, mi cuerpo; no es que soy flaca. Digamos que ahí no caí. Pero sí que muchas veces sé que piden determinada delgadez. Por ahí para algunos personajes. Para algunos, no sé, para vidas más artísticas. Ahora, en las redes te encontrás de todo. Las mujeres, digo.
—¿Cómo se maneja con las críticas?
—Bueno, al principio me dolía mucho, me hacía mal.
—¿Qué le dolía, por ejemplo?
—Ay, no… Te ponen cosas espantosas. A veces te desean hasta que se muera tu mamá. El nivel de locura que genera el tema de las redes es muy fuerte. Ese es mi límite. Ahí yo te bloqueo o te denuncio. Ahora, decime “flaca”, “Fiona”, “gorda”, “no sabés la edad que tenés y te pones esa minifalda”, decime lo que quieras, yo me la pongo porque a mí me gusta, me gustan mis piernas. Hay gente que me dice que soy una ridícula por la ropa que me pongo. Y bueno, nada, si no te gusta mirá otra red, qué sé yo. Pero me costó hasta que aprendí. ¿Sabés lo que hago? Cuando hay muchas críticas y también cuando hay muchos elogios, porque también le contesto a las críticas, digo: “Gracias por escribirme, gracias por decírmelo, y acá podés opinar”. Y está todo bien. No soy la Madre Teresa, pero me parece que también es mi responsabilidad contestarles a todos. Yo trato de responder en la medida de lo posible, lo que pasa es que lleva tiempo.
—¿Cómo se lleva con la edad?
—Bien. Pero no la digo.
—¿Ah, no? Entonces no la voy a decir.
—Me lo han preguntado tantas veces y, como se obsesionaban con el tema de la edad, ya me parece gracioso que me lo pregunten. Entonces menos te lo voy a decir. Ya es un chiste para mí.
—En el tema de las redes mencionó a la familia.¿Quién es su familia hoy?
—Bueno, mi familia son mis dos hermanas, Gabriela y Roxana. Mis sobrinos, tengo a Mariela y a Ivo por parte de Gabriela. Y después tengo tres varones por parte de mi hermana mayor, Roxana, que uno vive en Alemania, es violinista. El otro es actor. El otro es restaurador. Todos medio artistas. Mariela Ercolini no, es abogada. Y de las bravas. Y mi sobrino Ivo tiene que ver con todo lo que es sistemas.
—¿Está muy conectada con su familia o es más bien solitaria?
—Tengo épocas, como todos. Hay épocas que estoy muy dedicada al trabajo. Y hay momentos en que sí he estado mucho tiempo con la familia. De hecho, yo viví mucho tiempo con mi hermana mayor y mi mamá. Mi mamá falleció hace dos años. Y entonces, bueno, siempre estuve como en el nido. Hasta que después me fui a vivir sola. Pero sí, obviamente estoy presente. Por ahí no todo lo que quisieran.
—Es la tía famosa. ¿No le piden que les cuente chismes de la tele?
—¿Viste que el periodista está enchufado 24 horas? A veces me cuesta dejar ese enchufe. Pero también entiendo que hay un ratito para dejar el celular. Después pasa que lo prendés y está explotado de información y mensajes.
—¿Alguna vez tuvo depresión, angustia o ataques de pánico?
—Sí, ataque de pánico tuve. Hace muchos años. Y me di cuenta cuando estaba en el cine con una pareja, un novio, y necesitaba irme del lugar. Y empecé a caminar. Y me pasaba también en mi casa: estaba en mi casa encerrada y tenía que ir a caminar. Obviamente, estaba haciendo terapia y bueno, son parte de las angustias que una va resolviendo. Desde que tengo uso de razón hago terapia, psicoanálisis. Pero hoy estoy haciendo biodescodificación con Karina Casagrande. Una genia que me ayuda muchísimo. A ver, nada es mágico, pero sí a veces, no sé cómo explicarlo, uno está predispuesto de otra manera. Pero yo creo que en el caso de la biodescodificación y la neurolingüística me está ayudando mucho en todo este proceso de cambios, de crecimiento, de poder aceptar: en este sentido hablo de mi historia personal. Desde una infancia durísima hasta mi relación con novios o amigas, amigos, con mis compañeros. Me gusta mucho y pude resolver. Pude ver. Porque vos tenés que ver las cosas y después darte cuenta. Obvio, caí mil veces en el mismo error. Que yo lo veo como un error. Pero es verlo.
—¿Y cuándo lo ve?
—Y cuando lo ves, está buenísimo.
—¿Qué fue lo que más le impactó ver?
—Y… que por mi historia personal, mi relación con mi mamá, mi papá.
—Perdón, no conozco esa historia. ¿Puede contarla? Mencionó una dura infancia.
—Sí. Fuimos una familia disfuncional básicamente, donde yo vi muchas peleas. Bueno, no solamente yo, mis hermanas también. Muchas peleas entre mis padres. Y entonces, era difícil. Y a mí me costó un montón. Y hasta que después hice psicoanálisis, todo perfecto. Pero lo que te decía que lo que trabajo con biodeco y con la neurolingüística es tal vez apartarme un cachito y ver que yo actúo de la misma manera o siento el mandato por ahí de la madre, del padre, en otras publicaciones, o por ahí con amigos o amigas o familiares. Entonces es correrse un poquito, porque no va a pasar nada, no es sentirse culpable. O sea, vos, Mariana, estás acostumbrada a verme y actuar de una manera. Pero si yo el día de mañana me corro un cachito de ese lugar y puedo ser de otra manera o descubrí que puedo ser de otra manera, por ejemplo, en mi caso, por ahí no tan sumisa, no significa que yo sea belicosa pero puedo poner límites. Y eso tiene que ver con mi historia, ser la chiquitita, la que veía todo eso y que me tenían como que esconderme, hasta te diría debajo de un escritorio. Entonces eso uno lo ve.
—¿En qué momento se dio cuenta? Porque de chiquito uno no se da cuenta, naturaliza todo.
—Y… cuando uno empieza a crecer. Lo primero que me pasó a mí fue el rechazo.
—¿El rechazo a los hombres?
—No, el rechazo a mi mamá. Ver a mi mamá en un estado. Después ella tuvo un período de mucha depresión. Pero fue una mujer que me enseñó un montón, sin buscarlo, el amor por la música, por la literatura, por la ópera. Ella me ponía ópera, Radio Nacional, y yo, chiquita, me sentaba al lado de ella, mientras cosía como los dioses. Pero también veía lo otro, lo feo. El golpe, la agresión. Y eso era tremendo. Y después empecé por el rechazo. Es como inevitable. Al menos me pasó a mí. Y después uno se va amigando con eso, o trata de amigarse con eso, y vas creciendo. Y después te das cuenta que repetís cosas. Y esa nena chiquitita, toda miedosa, va creciendo hasta que después te das cuenta de que te tenías que correr de uno de esos lugares. Con el tiempo aprendí. Y sobre todo en esta terapia que estoy haciendo.
—Habló de los hombres. ¿Qué pasa con los hombres?¿No hay hombres o es una mujer muy exigente?
—No, vos sabés que no. Yo soy re convivible.
—Pero…
—De verdad soy re convivible. Porque me doy cuenta cuando, por ejemplo, un grupo de amigos que nos hemos ido dos, tres días. Bueno, con Ángel me fui de viaje a Grecia a cumplir mi sueño. Me gusta convivir, me gusta estar. No sé si conviviría ahora con algún hombre por ahí en pareja. Pero sí me gusta disfrutar, divertirme, qué sé yo, acompañarse.
—¿Cómo está ahora?
—Ahora estoy sola.
—¿Tuvo grandes amores?
—Sí, tuve. Me gusta el amor en todas sus formas. Pero me tengo que sentir feliz, cómoda. A veces he estado en relaciones en que me daba cuenta de que no estaba feliz y después por ahí terminó cortando él, y me alivió. Pero ahora hace mucho que no estoy en pareja.
—¿Busca novio o espera a que llegue? ¿O las dos cosas?
—No, no. ¿De elegir? Por ahí cuando era más chica. Tenía como más desfachatez. Pero ahora no, creo que no sé si tiene que venir… No lo haría por las aplicaciones. Pero no porque me conozcan o no. En realidad me agota la idea de hacer castings.
—Okey, no hace casting para aplicaciones, ¿pero qué requisitos tiene que tener un hombre para estar aprobado?
—Humor. Eso es como básico. Que le guste disfrutar de comer, de cenar, de divertirse, dar vueltas. De sorprenderse. Eso me encanta. Y que se mantenga solo, yo no necesito plata porque yo me mantengo sola, así que no necesito ningún empresario ni ningún magnate.
—¿Cómo se maneja con la plata y con la actualidad que nos toca a todos?
—Está muy difícil para todos. Muy difícil. De hecho yo alquilo y, bueno, imaginate. No me mudé porque veía que el mercado estaba más complicado aún. Entonces decidí seguir en este departamento que espero quedarme mucho tiempo más y ojalá algún día pueda comprar. Dudo que en este país, con esta situación… Pero sí, difícil, muy difícil. Muy complicado.
—¿Llega bien a fin de mes por ejemplo?
—Sí, no tengo capacidad de ahorro como la mayoría de las personas pero… Bueno, hasta hace poco tenía tres trabajos. O sea, ahora tengo dos pero tuve que cambiar, bueno, dejé el Canal de la Ciudad por un tema de horarios. Si no lo seguiría haciendo. Porque además de que me gustaba era otra entrada. Y achicándome, como todos, obvio. Como nos pasa a todos. Hay gente que está mucho peor que nosotras entonces es tremendo.
—¿Un sueño?
—Viajar. Viajar más. Antes no me animaba a viajar.
—¿Por qué no se animaba a viajar?
—Porque yo trabajo de chiquita, entonces tenía miedo de perder el trabajo. Estaba en Radio del Plata y tenía un montón de días de vacaciones y no me quería ir. Hasta que un año me fui a Europa, hice tres países nada más. Después me fui a Brasil, todo. Pero me costaba. Y también por la familia, muy apegada. En ese momento muy apegada y era como un vértigo irme, mi mamá estaba enferma, y mis sobrinos, mis hermanas. Esa era como una angustia que tenía de alejarme. Hasta que pude vencer eso. Y me gustaría viajar, no sé, conocer cualquier lado.
—Objetivo: Ezeiza.
—Ir a Ezeiza, a Aeroparque o a Retiro.
—Para terminar. Le regalo una caja con todas las cosas que perdió en su vida y puede recuperar solo dos. ¿Qué serían?
—A ver, a ver… Recuperar un tiempo precioso que no pude disfrutar con mi mamá por su enfermedad y por el rechazo que me provocaba, pobrecita. Le mando un beso enorme a Sofía, que la tengo acá, grabada en griego. Eso me parece que sería una cosa. O sea, recuperarla a ella y recuperar ese tiempo que no la disfruté.
—¿Qué le diría hoy?
—”Perdoname, mami”.

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